Sana las decepciones y rupturas de corazón

 

Sana las decepciones y rupturas de corazón con coaching PNL

¿Qué dirías tú, vaso medio lleno o medio vacío?

La respuesta: ambos. Si decimos que está medio lleno, ¿podemos considerar que estamos siendo positivos y optimistas? Y si por el contrario la respuesta ha sido medio vacío, ¿eso significaría que somos pesimistas?

Simplemente enfocamos la atención a una u otra parte del objeto. Lo cierto es que en su totalidad está formado por ambas. El contemplarlo de esta manera nos permite tener una percepción mucho más objetiva y, por lo tanto, más realista de las cosas, personas y situaciones.

Tener una actitud excesivamente optimista es tan limitante como tenerla pesimista. Me refiero con esto a que desear lograr cosas y sentirnos estimulados e ilusionados con ello es bueno. El problema viene
cuando nos creamos ideas y expectativas sobre las cosas, situaciones y personas que poco o nada tienen que ver con la realidad.

Sin darnos cuenta generamos estas expectativas tratando de vivir una realidad que despierta en nosotros ese estado de satisfacción. Lo hacemos para huir. Porque no nos gusta lo que estamos viviendo.

Construimos una imagen mental y nos recreamos en esa escena, una y otra vez. A veces incluso involucrando a otras personas sin saber si ellos también estarán queriendo lo mismo. Cuando descubrimos que el sueño de la otra persona es distinto al nuestro decimos que nos decepcionó. Pero nadie nos decepciona. Nada ni nadie tiene poder sobre nuestra mente y estados internos.

Al despertar y darnos cuenta de la realidad es lo que duele. Cuando nos percatamos de que las cosas no son como esperábamos, sentimos dolor. Es en este momento cuando experimentamos la decepción.

En ocasiones hay una parte de nosotros que nos dice que tal vez eso que deseamos no sea posible pero no la queremos escuchar, aún cuando estamos siendo conscientes. A esto lo llamamos crearnos falsas esperanzas. Por ejemplo, cuando decidiste iniciar un plan de estudios, inscribirte en el gimnasio, seguir una dieta saludable, promocionar en tu trabajo, mejorar la comunicación con tu familia, tener una relación con alguien que te gusta. Pero en el fondo había una parte de ti que te decía que no era posible,
pero te lo negabas, preferías vivir engañado y sentir la ilusión.

Otras veces vivimos el sueño como si ya fuese real; a esto lo denominamos tener completa seguridad. Cuando, por ejemplo, no teníamos la más mínima duda de que las personas que nos importan nos felicitarían el día de nuestro cumpleaños, pero, no lo hicieron. Teníamos la certeza de que nuestra pareja nos acompañaría en alguna actividad que nos gusta o a visitar a la familia, y llegado
el momento nos dice que no le apetece o no quiere hacerlo.

Con cada decepción que experimentamos sentimos como que nuestro corazón se rompe un poco. Acumular el dolor de las decepciones sin resolver es lo que lleva a una persona a actuar
de forma pesimista. Entonces se pierde completamente la ilusión, incluso por la vida, instalándose en un estado de apatía y desgana. Frases como: “Total para qué”, “Ni lo intento”, “Seguro que va
a ser lo mismo de siempre”, manifiestan el sufrimiento acumulado.

Algunas personas, por ejemplo, han dejado de creer en el amor después de varios intentos de tener una relación de pareja, creyendo que es mejor estar sólo, porque todos los hombres/mujeres
son iguales. Otros se sienten incapaces de lograr un trabajo después de ser rechazados tras varias entrevistas. Algunas personas han perdido la esperanza de tener un cuerpo en forma.

Podemos recuperar la ilusión y ganas de vivir

  1. Sanando las decepciones. Liberando todo el sufrimiento acumulado en nosotros. Curando los
    traumas.
  2. Confiando en uno mismo. Sentir que tenemos los recursos y capacidades para afrontar las situaciones, nos permite exponernos y experimentar la vida. Viviendo experiencias que podemos aprender, cambiar y mejorar. veces es el menos común de los sentidos.

Te propongo un sencillo ejercicio para que transformes tus deseos en objetivos bien definidos:

  1. Identifica lo que quieres cambiar: ¿Cuál es el problema, situación, hecho? ¿qué me preocupa?
  2. Transforma tu deseo en un objetivo claro y concreto. ¿Qué quiero conseguir específicamente? Necesitas una dirección clara para saber hacía donde y cómo moverte.
  3. Identifica las claves que te indicarán que lo has logrado: ¿Cómo me daré cuenta que me estoy acercando?, ¿qué veré, oiré, sentiré que me lo está indicando?
  4. Haz inventario de recursos: ¿De qué recursos personales dispongo para lograrlo? Se trata de todo lo que te puede ayudar: formaciones y titulaciones, experiencia, objetos y cosas materiales, dinero, contactos, relaciones, estados internos, emociones, capacidades, etc.
  5. Traza un plan de acción completo. Desde ahora hasta el momento que lo obtengas: ¿Qué haré en primer lugar? Paso a paso.
  6. Fija una fecha: ¿Qué plazo máximo me fijo para conseguirlo?
  7. Enfócate: mantén presente tu objetivo.
    Y si te das cuenta de que no te estás aproximando reformula tus acciones y cámbialas. Si notas que te faltan recursos busca la forma de obtenerlos.

 

María M. Alcázar
Directora del Instituto Español PNL
Entrenadora emociones. Lifecoach

Autora del libro Coaching para enamorar con PNL
pnlspain.com

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